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Entrevista con José Woldenberg
Respaldo la decisión: en tiempos electorales, nadie puede pagar spots políticos en radio y televisión
Publicada en la Revista no. 108 el 17 de agosto 2009
Untitled Document

Por José Antonio Fernández Fernández

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José Woldenberg es el intelectual mexicano más influyente en la política de nuestro país de los últimos 20 años. Ninguna opinión independiente pesa más que la de Woldenberg en México. Lo que dice públicamente marca directrices. Lo sabe y es sumamente cuidadoso al dejar saber sus puntos de vista. Fue el Presidente del IFE en el 2000, año que el PRI salió de Los Pinos luego del triunfo sin conflictos de por medio de Vicente Fox.

En la conversación, José Woldenberg habla de las limitaciones que existen hoy para que cualquiera pueda pagar tiempos publicitarios en televisión a favor o en contra de partidos, personas o ideas políticas en tiempos electorales. Es el tema del conflicto con grupos de la iniciativa privada y con las cadenas de televisión.

Woldenberg valora el desarrollo de la democracia mexicana y dedica parte de su tiempo, lo dice, para que la población también lo valore.

Juega una suerte de evangelizador de la democracia que sabe a fondo el tamaño de los avances y está comprometido en serio con ellos, de ahí que busque que la gente los comprenda y valore también.

En dos ocasiones se ha acercado a la televisión para que el análisis y los testimonios se difundan en la pantalla y den valor a esa naciente democracia.
La primera ocasión se acercó a Televisa, por invitación de Leopoldo Gómez, cabeza de Noticias del consorcio, y ahí fue artífice y conductor de la serie México, historia de su democracia, en la que dio cuenta de cómo se había llevado a cabo la transición democrática en nuestro país.
Y con TV UNAM, a invitación de Saltiel Alatriste, Coordinador de Difusión Cultural de la UNAM, y de Ernesto Velázquez, Director de TV UNAM, armó la serie Los Retos de la Democracia, de la que también es conductor.


José Antonio Fernández: Eres ya un personaje que ha escrito su nombre en la historia de México. No veo que tu posición política se relacione con ningún partido ni con algún colectivo. Veo tu posición ante la vida pública de México como la posición Woldenberg, es tuya, es independiente y es clara.
¿Compartes lo que digo?
José Woldenberg:
Subjetivamente yo me siento parte de la izquierda democrática de México.
Fui de los fundadores del sindicalismo académico de la UNAM, también fui fundador del Movimiento de Acción Popular, del Partido Socialista Unificado de México (PSUM), del PMS (Partido Mexicano Socialista) y llegué en ese proceso hasta el PRD, en donde estuve hasta 1991. Salí del PRD, junto con Pablo Pascual Moncayo y Adolfo Sánchez Rebolledo, por diferencias con la conducción o con la línea del partido.
Las dos grandes coordenadas que intentan ordenar mi actividad y mi visión de las cosas son: por un lado, la idea de que México tenía que ser democratizado, porque México no lo era, no era un país democrático. Y la otra gran coordenada, es la de la equidad social.
Creo que en la primera coordenada hemos avanzado muchísimo, mientras que en la segunda, la de la equidad social, estamos absolutamente estancados.
De ahí la pertinencia de una izquierda democrática fuerte.


José Antonio Fernández: ¿Consideras que sí ha avanzado la democracia mexicana de los noventa para acá?
José Woldenberg:
En materia política, que es la primera coordenada de la que hablo, cualquiera puede constatar el cambio que ha tenido México.
Venimos de un sistema de partido casi único, el PRI, y ahora tenemos un sistema de partidos competitivos. Teníamos elecciones sin competencia, y hoy tenemos elecciones competidas. Teníamos un mundo que era monocolor y ahora ese mundo es multiplural. Teníamos un Presidente omnipotente, que hoy es un Presidente acotado. Teníamos un Congreso que era una correa de transmisión del Presidente, y hoy es un Congreso vivo y plural.
Teníamos una Suprema Corte que en materia política no pintaba, y hoy por los cambios políticos es un actor fundamental y muchos de los conflictos se resuelven por vía jurisdiccional.
Creo que el cambio democratizador, para bien, ahí está.
Sin embargo, el gran déficit del país es que seguimos siendo una nación muy desigual y peor aún porque nuestra economía no crece. Y todavía lo peor es que hoy las cifras oficiales nos dicen que aumenta la pobreza en México.
Mi posición está en esas dos coordenadas, la democracia y la equidad social. Intento que México sea un país más justo y democrático.


José Antonio Fernández: ¿Crees que a los mexicanos ya nos gustó la democracia y que ya le entendimos o la estamos comprendiendo?
José Woldenberg:
Yo creo que la estamos entendiendo.
La democracia tiene muchos problemas y se vendió como si fuera el paraíso terrenal. No acabamos de comprender que un sistema democrático genera problemas propios, y trato de ilustrar lo que digo: hace 25 ó 30 años, cuando el Presidente de la República mandaba una iniciativa al Congreso, se podía apostar cien a uno que esa iniciativa iba a ser aprobada. Eran tiempos en los que el Presidente y su partido, el PRI, tenían mayoría y dominaban.
Hoy, por fortuna, el Presidente no puede hacer su voluntad porque él y su partido no tienen mayoría absoluta en el Congreso y necesitan negociar con otras fuerzas. Yo digo que eso es virtuoso, pero tiene su contraparte, porque hace más tortuoso y más complicado y lento el procesamiento de todas o casi todas las iniciativas. Te puedo poner más ejemplos.
Durante décadas las oposiciones fueron sólo testimoniales porque no tenían la fuerza suficiente como para vetar una iniciativa gubernamental.
Hoy tenemos oposiciones de a deveras que con su fuerza pueden vetar una iniciativa de gobierno.
Por fortuna, en la política ya nadie puede hacer su voluntad. La otra parte es que se necesitan negociaciones, acuerdos, y la política se vuelve más tortuosa.
Antes, cuando había un conflicto entre un gobernado y su congreso o con el gobierno federal, quien decidía era el Presidente. Hoy, cuando se dan esos conflictos, quien resuelve es la Corte. Cuando la Cámara de Diputados aprobó un presupuesto que no le gustó a Vicente Fox, el Presidente fue a la Corte y la Corte decidió. Como ese caso hemos visto muchos.
La democracia es un laberinto, y es un laberinto complicado.
Yo creo que es muy superior al autoritarismo, pero tiene sus propios problemas.
Para mí tu pregunta es pertinente, porque yo digo que nos estamos acostumbrando a vivir en el laberinto de la democracia. Y sí, todos estamos aprendiendo.


José Antonio Fernández: ¿Qué te lleva a pensar que nos gusta la democracia?
José Woldenberg:
Las encuestas dicen que la inmensa mayoría de los mexicanos quieren vivir en democracia. Es cierto que el apoyo a la democracia ha venido bajando, pero sigue siendo mayoritario.
No existe ningún otro sistema alternativo sobre la mesa. El autoritarismo tiene muy mala fama.
Es muy probable que hoy la gente ejerza los derechos que da el vivir en democracia y que no sea consciente de ello.
Me explico: creo que en México hay al día de hoy una libertad de expresión como no existía hace 25 años, que se ejerce y que la gente la ve como natural, cuando no es natural. La libertad de expresión en México ha sido construida en un sistema democrático. Te cuento: cuando organizamos el sindicatodel personal académico de la UNAM, allá por los años setenta, en ocasiones ni pagando en un periódico podíamos publicar el desplegado del sindicato. Esa censura hoy es impensable.
Hoy en materia de organización, la gente despliega sus derechos y ejerce sus libertades, y todo eso es concomitante a la democracia. Mucha gente lo ve hoy como algo normal, y qué bueno que así lo vea.
Lo contrario, hoy, sería lo anormal.


José Antonio Fernández: ¿Cuando te separas de todas las organizaciones en las que militaste y te conviertes en Consejero del IFE, te diste cuenta que estabas haciendo tu propia historia política?
José Woldenberg:
Yo primero abandoné el PRD con un grupo de amigos y fundamos el Instituto para la Transición Democrática, porque creíamos que luego de las elecciones de 1988 las condiciones estaban dadas para una transición democrática, que era justo el nombre de nuestro proyecto. Vimos que México ya no cabía bajo el manto de un sólo partido político, el PRI. Eso fue clarísimo en 1988.
En 1988 observamos que si el país seguía por el rumbo de un sólo partido dominante, íbamos a la conflagración segura.


José Antonio Fernández: ¿Cómo te ligas al IFE?
José Woldenberg:
En 1986, cuando yo estaba en el PSUM, el partido me mandó a ser su representante en las mesas de discusión de la Secretaría de Gobernación para la reforma electoral de ese año. Entonces empecé a meterme en el asunto electoral, primero con el PSUM y luego con el Instituto (IFE).
Cuando en 1994, lo recuerdo muy bien, el Doctor Jorge Carpizo, entonces Secretario de Gobernación, me habló para ver si yo aceptaba ser Consejero del Instituto Federal Electoral (IFE), no lo pensé ni un minuto y le dije que sí. Sabía que el IFE estaba llamado a jugar un papel muy importante. En ese tiempo ya estaban sobre la mesa los partidos y también las elecciones, que ya eran competidas, no eran como las de los sesentas o los cincuentas. Faltaba lo que hoy es el IFE.
En los noventas, la única manera de normalizar la vida política del país era dándole garantías de imparcialidad a todos los partidos y candidatos para que las contiendas electorales fueran lo que los libros de texto dicen que son: fórmulas para que la diversidad política pueda convivir y competir de manera pacífica y ordenada.
A mí me dio mucho gusto la invitación de Jorge Carpizo. Entré al IFE como Consejero Ciudadano.Nos nombraron por seis meses. Como venía la Reforma del 95, nos dijeron los propios partidos que nos quedáramos otros dos años para concluir la Reforma.
Luego de la Reforma me nombraron Consejero
Presidente del IFE. Fueron 7 años en los que considero se generó en México una espiral muy productiva.
No lo veo como una historia personal, sino como la historia de una institución.


José Antonio Fernández: ¿Qué tan fuerte estaba el IFE antes de que tú fueras Consejero Presidente?
José Woldenberg:
El IFE es una institución que ya estaba muy bien hecha antes de que yo fuera Consejero Presidente, y no lo digo por falta de modestia.
Como la competencia política fue a la alza y el IFE probó una y otra vez que no cargaba los dados y era imparcial, se empezó a generar la sensación de que el camino electoral era la vía para dirimir quién debe gobernar México y quién debe legislar. El punto clave del proceso fue la alternancia en el gobierno federal, el cambio del año 2000.
Muchos decían: hasta no ver, no creer.
En 1991 el IFE contó bien los votos. En 1997 el IFE organizó la elección del Distrito Federal y la ganó el Ingeniero Cárdenas.
Fue en en 1997 cuando por primera vez el PRI no obtuvo mayoría en la Cámara de Diputados.
Cuando en el 2000 se da alternancia en la Presidencia de la República, quedó acreditado que México había logrado construir instituciones y reglas que permitían la competencia pacífica entre diferentes opciones políticas.


José Antonio Fernández: ¿Crees que en 1988 hubo fraude electoral?
José Woldenberg:
En 1988 es seguro que las cifras se maquillaron, a mí no me cabe la menor duda, pero no me atrevería a decir quién ganó y creó que nadie lo sabrá. En ese entonces yo era miembro del PSUM (Partido Socialista Unificado de México), y nosotros sí teníamos un centro de cómputo, precario y malo, pero al fin un centro de cómputo. Te puedo decir que esos 20 puntos de ventaja que le dieron a Carlos Salinas de Gortari sobre el Ingeniero Cárdenas, resultan increíbles por los datos que se pudieron recabar. Tan increíbles fueron esos resultados, que el IFE es la respuesta a esas elecciones de 1988.
Afortunadamente en 1988 se entendió, desde las oposiciones y desde el gobierno, que las viejas normas que habían organizado las elecciones de 1988 eran ya inviables para el México moderno. Se tomó conciencia y se construyó el IFE y con él una nueva normatividad del proceso electoral.

José Antonio Fernández: Has tenido una enorme consistencia a lo largo del tiempo. Has sido leal a principios y a pensamientos.
¿Esa consistencia es una herencia familiar, alguien en tu familia tiene esa consistencia?
José Woldenberg:
No sé si sea muy consistente.
Me cuesta mucho trabajo hablar de mí mismo. Soy la primera persona en mi familia que ha estado metida en la política. Mi padre, que ya murió, era una persona muy consistente. Era un hombre de principios muy claros. Fue muy buen educador. Se dedicaba al comercio. Mi madre también fue consistente en lo suyo.
Primero fue secretaria y después se dedicó a ser ama de casa. Ambos estuvieron muy, muy alejados de la política. Era algo lejano y ajeno. La política no era bien vista por ellos.
Yo tengo la gran fortuna de haber trabajado en las cosas que he querido, y eso por desgracia sé que muy poca gente lo puede decir. Estudié lo que quise, me gusta dar clases, estar en la Universidad. Me gusta escribir y leer. Cuando estuve en el sindicalismo, me encantaba. Mientras milité en los partidos de izquierda, pensé que una izquierda fuerte y arraigada, con peso electoral y cargos públicos, era absolutamente necesaria para el país. Y cuando estuve en el IFE tuve una idea clara: si México no lograba construir una democracia, no era viable políticamente hablando.
Todo lo que he hecho a lo largo de mi vida son labores que siempre me han entusiasmado.
Nunca he sentido que el trabajo es un peso, un fardo para mí.


José Antonio Fernández: ¿Has sentido esa sensación de que en tu vida tienes misiones que cumplir y que algo te lleva hacia ellas de manera casi magnética?
José Woldenberg:
Tanto como misiones, no. Yo les llamaría causas. Creo que una persona actúa cuando detecta que hay cosas que valen la pena hacer porque ve que tienen sentido.
Por ejemplo, en la época del sindicalismo a mí me parecía que era increíble que una institución como la UNAM regulara sus relaciones laborales con los profesores a través de estatutos que de manera unilateral expedía la autoridad. No entendía por qué no se regulaba esa relación a través de un contrato colectivo de trabajo.
En esos años creímos que el sindicalismo iba a ayudar a defender a la universidad pública de muchos de los embates que recibía de afuera.
En los setentas hubo muchos conflictos de universidades públicas con gobernadores. Y además el sindicalismo universitario nos permitía ligarnos con otros trabajadores. Pasado el tiempo, el sindicalismo universitario ha sufrido un proceso de degradación, pero esa es otra historia. Cuando estuve en el IFE, yo creía, como lo creo hoy, que la causa de la democracia puede amparar muy diversas corrientes políticas.
La democracia puede ser la causa de la derecha, del centro y también de la izquierda.
Sólo en la democracia las distintas corrientes políticas pueden coexistir.


José Antonio Fernández: ¿Qué papel juega en tu vida el factor honestidad?
José Woldenberg:
Yo he tratado de ser honesto.
Esas cosas las deben juzgar otros.


José Antonio Fernández: Te lo pregunto de otra forma: ¿qué papel juega la honestidad en la vida?
José Woldenberg:
Pienso que es la única manera de sentirse más o menos bien.
Cuando uno ha tenido que ser árbitro de una contienda política, el valor honestidad tiene que ser demostrado. Debes demostrarle a los competidores que a pesar de que tú tienes convicciones políticas, crees que por encima de ellas está la aplicación rigurosa de las reglas, sin cargar el fuego a favor o en contra de nadie. En ese sentido creo que la honestidad es muy importante en la vida.

Más de lo que dijo José Woldenberg en la entrevista
(respuestas relacionadas al papel que juegan los medios en la democracia)

La honestidad también está hecha de un contexto de exigencias hacia tí y hacia la institución en la que colaboras. Me explico: el IFE es una de las instituciones más vigiladas y más seguidas, y eso también ayuda a que el árbitro tenga que comportarse de acuerdo a las normas. Todas las sesiones son públicas por ley. Todos los actos del IFE pueden ser recurridos ante el Tribunal. Es decir, el IFE no es la última palabra en ninguna materia, y eso ayuda a generar un contexto de exigencias que obliga a los funcionarios del Instituto a actuar de manera imparcial, objetiva, profesional.

José Antonio Fernández: ¿Por qué crees en la democracia?
José Woldenberg:
Te respondo con una obviedad. Como dijo Churchill: creo en la democracia porque aunque es un mal sistema de gobierno, no se ha inventado ninguno mejor.

En una sociedad como la nuestra, de más de 100 millones de habitantes, en donde existen sensibilidades, puntos de vista e ideologías diversas, el único formato político que le puede dar cauce a esa diversidad es la democracia.

Todos los sistemas autoritarios parten de la idea de que hay una sóla verdad, que hay un sólo diagnóstico correcto, que hay sólo unos intereses legítimos y que el resto de los intereses, de los diagnósticos y de las ideologías son ilegítimas. Por eso el autoritario lo que hace es declarar
ilegales, perseguir o marginar a quienes no piensan ni actúan como él.
Y hay autoritarismos de izquierda y derecha. Pienso en Franco en España y en Stalin en la Unión Soviética.


Si creemos que la riqueza de una sociedad está en su diversidad, ¡qué bueno que existan intereses distintos, visiones distintas e ideologías
distintas! La democracia es el único sistema político que le puede dar cauce y legitimidad a esa coexistencia. Por eso creo que la democracia sí es un sistema político superior a cualquier otro, a pesar de sus muchos problemas.


José Antonio Fernández: ¿Qué papel juegan en la democracia los medios de comunicación?
José Woldenberg:
Los medios son importantísimos para la democracia.

En la sociedad moderna los medios juegan un papel fundamental.
Modulan, en buena parte, los humores públicos. Jerarquizan lo que es importante y lo que no. Le dan visibilidad a unas cosas y otras no aparecen. Del trabajo de los medios depende, en buena medida, el asentamiento o no del sistema democrático.


Yo creo que los medios masivos, sobre todo radio y televisión, sufrieron un cambio positivo en los últimos 25 años en el sentido de que se abrieron a la pluralidad y acompañaron hasta cierto grado la transición democrática mexicana. Sin embargo, hay asignaturas muy fuertes en los medios que todavía no cumplen. Me refiero al grado de profesionalismo, de objetividad. La recreación de los valores democráticos todavía no se da bien en los medios. Tenemos un rezago muy marcado en esa materia.

Lea más de lo que dijo José Woldenberg
publicado en exclusiva por Canal100.com.mx

 

José Antonio Fernández: ¿En dónde vez ese rezago de la recreación de los valores democráticos de los medios?
José Woldenberg:
El rezago lo veo al prender la radio y la televisón. Reconozco que sin duda sí hay diversidad y puntos de vista distintos, pero creo que falta objetividad. Hay mucha especulación. Su manera de jerarquizar la información tiene que ver más con el escándalo que con la discusión racional. No creo que hoy los problemas del país aparezcan con suficiencia en los medios masivos. Observo una tendencia a vulgarizar ese tipo de discusiones. Por ejemplo, si algo no funciona, de la salud, la basura o los ferrocarriles, normalmente se dice que es porque los responsables son tontos, corruptos o inoperantes, pero en realidad no vamos al fondo de los problemas.

Problemas muy serios como la pobreza o la desigualdad, son realmente complicados y no basta con adjetivar a los responsables para solucionarlos. Los medios tienden a achatar y a simplificar los problemas del país, y muchas veces hasta a vulgarizarlos.

José Antonio Fernández: Te has acercado a la televisión, contrario a lo que sucede todavía con algunos intelectuales que todavía le tienen recelo. Y me llama la atención que así como eres un creador de estructuras políticas, también en televisión has creado tus espacios de expresión, no te metes a los espacios ya creados. Primero lo hiciste con la serie México, Historia de su Democracia, en Televisa, y ahora en TV UNAM con la serie Los retos de la Democracia.
¿Por qué decidiste acercarte a la televisión creando tus propios espacios?
José Woldenberg:
Cuando yo vi en Canal 22 la serie La historia de la transición española, me dije: en México hemos vivido una transición democrática y no está documentada en los medios, ¿por qué no hacer un programa que documente nuestra transición? Con esa idea en la cabeza, en un primer momento Alfredo Joscowicz y yo nos acercamos a Emilio Azcárraga Jean para presentarle este proyecto, pero no tuvimos éxito.

A los dos años Leopoldo Gómez me llamó para decirme que tenía un proyecto al que me quería invitar. Era muy similar a la idea que habíamos propuesto antes Joscowicz y yo. Le respondí a Leopoldo Gómez que teníamos ya tres capítulos. Se los mandé y me respondió que le interesaba que hiciéramos el proyecto juntos. Hacer la serie México, Historia de su democracia con Televisa fue muy buena experiencia. Su archivo filmográfica es fantásticos. Igual lo son sus técnicos, editores y guionistas. Son gente muy capaz. Hicimos una serie que me gustó mucho.

Ahora en el caso de TV UNAM, Saltiel Alatriste (cabeza de difusión cultural de la UNAM) y Ernesto Velázquez (Director de TV UNAM) un día me plantearon hacer una serie capitulada. Entonces a mí se me ocurrió continuar la serie que hicimos con Televisa. en la que se cuenta cómo se construyó el sistema democrático en México. En la de TV UNAM se trata de conocer cuáles son los problemas de la democracia, de ahí el nombre: Los retos de la Democracia.

Para mí también fue muy placentero trabajar con TV UNAM. Con sus guionistas, productores, con su director. Planeamos cinco programas en los que entrevistamos a académicos, funcionarios públicos y funcionarios de diversas instituciones. Hicimos un programa interesante. La serie pone sobre la mesa los problemas que tiene que resolver la democracia para hacer posible su reproducción.

José Antonio Fernández: Vuelvo a preguntarte: ¿por qué buscas crear tu espacio, tu línea, tu programa?
José Woldenberg:
Es que lo otro para mí es muy difícil. Yo cuando veo a muchos de los compañeros que tienen programas diarios o semanales y que comentan de todo, desde los problemas de la basura hasta del petróleo, la economía, los recursos naturales y la deuda externa, me pregunto: ¿cómo le hacen? Me parece muy difícil poder opinar sobre todo. Y reconozco que hay gente que habla de todo y lo hace muy bien.

Yo mejor hago proyectos en donde creo tener algunas ideas, más o menos firmes, porque creo tener cierto conocimiento del asunto. Y de lo que no sé, pues no hablo.

José Antonio Fernández: La televisión es hoy muy importante para la democracia del país, de eso no hay duda. Pregunto: ¿limitaron o extralimitaron a la televisión con la Reforma Electoral? Es la gran discusión de hoy.
José Woldenberg:
Efectivamente es la gran discusión.
Yo creo que la Reforma Electoral es correcta. Me explico: la Reforma dice que los partidos y los candidatos no pueden comprar tiempo en radio y televisi ón durante las campañas electorales. ¿Por qué? Porque en las elecciones del 2006 había una transferencia enorme de recursos públicos que terminaban en la radio y la televisión. Entonces los legisladores con buen tino dijeron: no se puede vender espacio en televisión para anunciar mensajes políticos durante los tiempos electorales.

La decisión fue que todos los spots de carácter político en televisión, a lo largo de dos meses previos a la elección, sería vía los tiempos oficiales. Lo que se ganó con esta medida fue equidad en la contienda y, al mismo tiempo, que no salieran tan caras las campañas. Como derivación natural se llevó a la Constitución lo que ya estaba en la Ley Electoral: que ningún tercero puede comprar tiempo en radio y televisión durante las campañas electorales, para estar a favor o en contra de los partidos. Es lógico que así suceda, porque si quieres mantener condiciones de equidad y permites que terceros compren tiempos, simple y sencillamente esas condiciones de equidad desaparecen. Este es el núcleo del diferendo.

En 2009 ya se aplicó la Reforma Electoral, ya no se permtió que terceros paguen tiempos de pantalla en tiempos electorales. Lo que ahora creo que debíamos reformar es la manera en que se exhibe esa publicidad política en radio y televisión. Lo demás lo dejaría como está, y como está siginifca que ningún tercero pueda pagar por incluir publicidad de carácter político en radio y televisión para apoyar o hablar en contra de algún candidato o de algún partido político.

A mí hoy me preocupa lo siguiente: con el formato de anuncios de 20 ó 30 segundos, lo que se consigue es simplificar y a veces hasta degradar el debate público. Pienso que manteniendo el criterio de que no se compra tiempo en radio y televisión y que los anuncios se incluyen a través de los tiempos oficiales, podría haber una sección pequeña de spots y el resto del tiempo podrían ser sesiones de debate o espacios en los que los partidos políticos hicieran un diagnóstico y una propuesta, pero no tratar de ganar el voto únicamente con una frase y una sonrisa.

Se dijo que la Ley Electoral viola la libertad de expresión al no permitir que terceros paguen por hacer publicidad política en tiempos electorales. Eso no es verdad, no hay violación. En los países europeos ningún particular puede comprar publicidad política en televisión durante las campañas electorales, y nadie habla de no libertad de expresión. En muchos países de América Latina tampoco los terceros pueden comprar espacios de televisión para meterse a las campañas electorales.

¿Por qué la regla? Porque en todos lados se trata de que las campañas sean más o menos equilibradas, y si cualquier persona puede comprar tiempo en radio y televisión para hablar bien o mal de un candidato o un partido, todo lo que tanto trabajo ha costado construir para que la competencia se dé en condiciones equitativas, simple y sencillamente se trastocaría.

José Antonio Fernández: Yo observo que la televisión se ha limitado y autolimitado luego de la Reforma Electoral, y percibo que la contienda del 2009 tuvo un matiz hipócrita por parte de los partidos. Es decir, los partidos y los políticos se mostraron como niños bien portados en televisión, pero no vimos polémica en sus anuncios ni un espacio de discusión de ideas. Cada uno tomo su bandera.
José Woldenberg:
Vamos por partes: durante los sesenta días que duraron las campañas, ningún tercero podía comprar tiempos en radio y televisión para hacer publicidad a favor o en contra. Fuera de esos sesenta días, ese tercero que lo quiera sí puede pagar para hacer publicidad de carácter político.

La verdad es que es muy raro que un tercero compre publicidad en radioy televisión para estar a favor de tal o cual partido o candidato o para hablar de política. La restricción es sólo durante los tiempos de campañas electorales. Insisto, es para mantener la equidad en la contienda.

Ahora bien, en la televisión y en el radio se puede discutir en cualquier tipo de programa lo que se quiera. Ahí no hay ninguna prohibición. Se pueden hacer sketches y polemizar en mesas y en donde se les ocurra.

Estoy de acuerdo contigo en el sentido de que los problemas medulares del país no aparecieron (en pantalla) en las campañas electorales con la fuerza que podríamos esperar. Me sorprendió que estando México en una de las crisis económicas más profunda de las últimas décadas, el tema de la crisis económica prácticamente no apareció en los discursos ni en el debate de los partidos, cuando se supone que las elecciones son el momento estelar en donde las grandes discusiones se vuelven protagonistas.

El formato publicitario actual, centrado en la difusión de spots, hace muy difícil la discusión de fondo de los grandes problemas del país y sus posibles soluciones.

Lo que definitivamente no creo, es que la Ley Electoral limite la libertad de expresión. Mi posición es clara: respaldo la decisión de prohibir que terceros puedan pagar para meter spots publicitarios en tiempos electorales, porque no estoy de acuerdo en que se mercantilice esa posibilidad en tanto llevaría a perder la equidad. Hay que hacerle modificaciones a la fórmula de proyección de los mensajes, pero de ninguna manera mercantilizar la posibilidad.

José Antonio Fernández: Para que se abriera de nueva cuenta la posibilidad de que terceros pudieran pagar spots políticos en radio y televisión en tiempos electorales, ¿tendría que reformarse la Constitución?
José Woldenberg:
Debería darse una discusión en en Congreso y las modificaciones tendrían que aprobarlas el 66 por ciento de los votos.

Hasta donde yo he escuchado, no percibo que los partidos estén por dar reversa en este asunto de la Ley Electoral.

Quiero extenderme: el corazón de la Reforma de 1996 fue el pensar la manera de construir condiciones equitativas en las elecciones. Era lo fundamental en ese momento, porque en 1991 y en 1994 ya se habían contado bien los votos. El problema a resolver en 1996, era que las condiciones de la competencia se presentaban a todas luces asimétricas. El propio Presidente Zedillo dijo: gané, en efecto, pero las condiciones de la competencia fueron muy desiquilibradas. Entonces los Consejeros del IFE presentamos un informe del gasto de la campaña del 94, en el que se comprobaba que de cada diez pesos de gasto total, el PRI había gastado ocho de esos diez. El resto de los partidos solamente dos pesos. En esas condiciones era imposible hablar de una contienda democrática.

Por eso en 1996 los legisladores buscaron controlar dos palancas en la contienda electoral: el dinero y el acceso a los medios para hacerse publicidad. En materia de dinero incrementaron la cantidad y los distribuyeron de manera más equitativa. Y en materia de medios sucedieron dos cosas: se incrementó el tiempo oficial para la difusión de mensajes de carácter político y los partidos compraron más espacio en radio y televisión porque tenían más dinero. El resultado se dejó ver: las condiciones de competencia de las campañas de 1997, 2000 y 2003 fueron equitativas, el problema es que todo el mundo consideró, incluyendo a los medios, que las elecciones eran carísimas.

Después del 2003 se discutió con fuerza el asunto del costo de las campañas. Se demostró que el dinero hacía un recorrido rápido: de Hacienda al IFE, del IFE a los partidos y de los partidos a los medios. Cuando se pensó en cómo disminuir el costo de las campañas, la respuesta también fue rápida: eliminar la compra de tiempos en radio y televisión. Y así se hizo la Reforma Electoral que nos rige.

Hoy la publicidad en tiempos electorales se hace a través de los tiempos oficiales. Nadie puede comprar tiempos para incluir spots políticos en radio y televisión durante las campañas electorales . Los afectados fueron los concesionarios de radio y televisión, y entiendo su enojo y su malestar. Pero hay que sacrificar algunos intereses particulares en beneficio de intereses superiores.

José Antonio Fernández: ¿Cómo debe jugar hoy en la democracia un gran empresario, como lo pueden ser Carlos Slim o Lorenzo Zambrano, o los concesionarios de radio y televisión, como lo son Emilio Azcárraga Jean y Ricardo Salinas Pliego? Y lo pregunto porque tienen una posición de poder distinta a un maestro, un ejecutivo, un mecánico o un mesero. Aclaro que mi pregunta respeta a todos, pero sí veo diferencias.
José Woldenberg:
Lo dices bien. Los medios masivos de comunicación no son una empresa más, y tampoco los grandes empresarios. Por supuesto tienen una responsabilidad social.

En particular los medios de comunicación deben ser copartícipes y ayudar a todos para asentar los valores y principios de la conviviencia democrática. Durante las campañas electorales deben tratar de ser lo más objetivos e imparciales que les sea posible, lo que no quiere decir que un comentarista de radio y televisión no emita su opinión favorable o desfavorable hacia un candiato o partido. Lo importante es que los medios no actúen de manera facciosa, sino que nos ayuden a recrear en sus estaciones esa pluralidad que vive y está a diario en la sociedad mexicana.

José Antonio Fernández: Vi alguna vez a Serrat, el genial cantante y compositor, en un mitín en España en el que declaró ante miles que estaba a favor de Felipe González. Dijo en ese gran evento: queremos más de lo mismo, dando así su apoyo al PSOE. Cito otro caso similar: el New York Times apoyó abiertamente a Obama para que llegara a la Presidencia.
Este tipo de apoyos públicos tan importantes, cuando se dan en México provocan grandes escándalos y hay quien se asusta y los censura. Desde tu posición, ¿se vale eso en México?
José Woldenberg:
Aquí también se vale. Yo he visto deportistas y actores. Los he visto hasta de candidatos.

José Antonio Fernández: Quiero extender la pregunta: si mañana Emilio Azcárraga Jean o Ricardo Salinas Pliego dijeran que están a favor de tal o cual candidato, se armaría un escándalo mayúsculo y serían criticados brutalmente. ¿Se vale que digan su posición personajes como Azcárraga Jean y Salinas Pliego?
José Woldenberg:
Es que esto tiene que ver con nuestra historia y con lo que nos ha costado construir condiciones razonables para la competencia.

Yo creo que ellos, Azcárraga Jean y Salinas Pliego, como personas tienen todo el derecho de emitir su opinión a favor o en contra de los candidatos. Pero creo que dado que son concesionarios de un bien público que tiene una gran responsabilidad social, como lo es la televisión, ese medio en la etapa actual que vive la democracia mexicana debe ayudarnos a todos a aclimatar la coexistencia de la pluralidad. Si son facciosos, va a ser muy difícil.

José Antonio Fernández: Voy a hacer una comparación que quizá a algún lector le parezca tonta, pero creo que puede servir para explicar el caso. ¿Significa lo que dices que entonces personajes como Azcárraga y Salinas Pliego deben actuar como la abuelita con sus nietos, que aunque tenga sus consentidos debe actuar lo más pareja posible para ayudarlos a todos y a todos hacerle su chocolatito caliente porque al final de cuentas todos son importantes para la familia?
José Woldenberg:
Te respondo así: ¿qué diríamos si un funcionario público tomara recursos humanos o materiales de su dependencia para ponerlos al servicio de una partido o de un candidato? De inmediato lo criticaríamos, y además ese funcionario podría ser castigado porque es algo que está tipificado como un delito de carácter penal. Ahí ya no hay discusión.

Cuando se habla de empresas privadas, es distinto. Sin embargo, en el caso de los medios desde 1996 se estableció la siguiente norma: el IFE le entrega a la Cámara de Radio y Televisión, antes de que se inicien las campañas, unos lineamientos que son aprobados por los partidos. En términos generales, eso lineamientos dicen lo siguiente: señores concesionarios, ojalá que en sus noticieros la cobertura de las campañas electorales sea objetiva, profesional, equitativa y no invada la vida privada de los candidatos.

Estos lineamientos los concesionarios pueden hacerles caso o no, no hay fuerza legal para obligarles a que los cumplan. Lo importante es que estos lineamientos se hacen públicos y les crean un contexto de exigencia. En resumidas cuentan los lineamientos del IFE les dicen: señores concesionarios, necesitamos que nuestra campañas sean auténticamente democráticas y para conseguirlo la contribución de los medios, de ustedes, es muy importante.

Y te aclaro que si algún medio se comporta de manera facciosa para estar a favor o en contra de algún candidato o partido, la autoridad no tiene ningún instrumento para sancionarlo porque se respeta la libertad de expresión.

Los medio deben tener conciencia del rol tan relevante que juegan en la democracia.

Yo no encuentro hoy ninguna norma coactiva en relación a los medios, lo que sí hay son una serie de instrumentos que sirven para generar un cierto contexto de exigencia a los medios.

José Antonio Fernández: Cuando el PRI dominaba, en el Congreso se hacían diputados a personajes de todos los sectores. Daban puestos de manera planeada para que ahí se dieran cita actores, ferrocarrileros, mineros, agricultores y demás. Hoy el país ha cambiado mucho, y parte de ese cambio es que existen muchas empresas privadas. Actualmente, empresarios y grupos empresariales, como es el caso de las mismas televisoras, están tratando de tener gente en el Congreso que defienda sus intereses y los alerte ante posibles cambios que no les favorezcan. ¿Estos grupos de poder tienen derecho de buscar que gente a su favor ocupe posiciones en el Congreso, o no?
José Woldenberg:
Yo parto de la siguiente premisa: todos los ciudadanos, independientemente de su grado de riqueza y de poder, deben de ejercer todos sus derechos políticos.

Veamos: hace apenas unos años, en la época del PRI se vivía una especie de ficción. Se nos decía que bajo el paraguas del PRI estaba reunida toda la nación. Su estructura era fundamentalmente corporativa. Las grandes organizaciones agrarias y populares constituían sus sectores y era la vía para entrar al Congreso.

Hoy la mecánica es distinta: la vía para entrar al Congreso son los partidos políticos. Para mí hoy resulta natural que los diferentes grupos de poder quieran tener representantes en el Congreso a través de los partidos políticos. Lo que habría que pedir solamente es transparencia en esto. Es decir, saber qué intereses defiende cada uno de los que se están postulando. Yo no veo problema que cada grupo quiera tener representantes en el Congreso, lo importante es que el elector sepa que cuando vota por tal candidato también está votando para defender ciertos intereses.

José Antonio Fernández: Pero va a ser muy difícil que alguien diga: yo soy el candidato de Slim, yo el de Lorenzo Zambrano...
José Woldenberg:
Actualmente se ha hablado mucho de que el Partido Verde postuló candidatos que han trabajado en Televisa o TV Azteca. En el debate público habría que conocer cuál es la biografía de los candidatos para sí ubicarlos y conocer lo que dicen y piensan.

Lo que ninguna legislación debiera ser, porque sería absurdo, es que esos intereses tuvieran prohibido estar representados en el Congreso. Hay que transparentarlos.

José Antonio Fernández: Tengo la impresión de que el IFE encaminó más el manejo de información a controlarla que a dar más y mejor información a los electores. Por ejemplo, a mí me gustaría que el IFE enviara a domcilio nombres con biografías de todos los candidatos contendientes. Entonces estaría pensando que el IFE se preocupa porque el elector sí esté informado.
Muchísima gente no supo ni por quién voto.
José Woldenberg:
Yo creo que los responsables de esa información debieran ser los partidos y los propios candidatos, y que la sociedad debemos reclamar esa información. Lo mínimo que alguien que quiera ocupar un cargo público debe hacer, es decir quién es a sus electores y en qué cree.

Podría incluirse lo que dices en la legislación: que cada candidato esté obligado a presentar un curriculum mínimo que aparezca por internet.

A mí me parece que lo fundamental es el debate público, que el candidato A polemice y cuestione al B y viceversa. Y que el elector conozca la plataforma del partido, qué defiende, y una biografía mínima de quien va a ser su representante, sus ideas y propuestas.

José Antonio Fernández: Me parece que el IFE tendría que crear mecanismos de información obligatorios y puntuales que ayuden al elector a tomar su decisión del voto. Y también considero que debe tomarse en cuenta que internet es un medio al que no accede más del 30 por ciento de la votación.José Woldenberg: Estoy totalmente de acuerdo que las campañas electorales deben ser más informativas, y en ese sentido son muchas las cosas que se pueden hacer.

José Antonio Fernández: Se habla mucho de los avances de la libertad de expresión en México, sin embargo yo creo que no ha avanzado tanto como se piensa. Te doy un importante indicador: ninguna película mexicana y niguna serie de ficción en televisión ponen en pantalla la historia moderna de México, con los nombres y hechos que han sucedido en los últimos años en nuestro país, como sí sucede en otras naciones, particularmente con Estados Unidos.
En México existe miedo todavía de concesionarios, dueños, directores y productores. Los políticos en México siguen dando miedo. Y te doy ejemplos que indican ese miedo: no hay en pantalla historias del 71, del 75, de la crisis del 76, ni del 82, menos del 88 ó del 94. No hay del zapatismo ni de la vida de los presidentes. Apenas ahora se filmará una película del terremoto del 85. Del 68 hay dos o tres.
Yo conozco perfectamente y a detalle por las películas de Hollywood cómo es la oficina del Presidente de Estados Unidos, pero no sé cómo es la del Presidente de México.
Yo veo que hoy en México se ejerce la libertad de expresión en mesas de opinión y en ciertos casos contados de noticieros y documentales, pero no en películas ni en series o telenovelas. ¿Qué me puedes decir de esto que te comento sobre los avances de la libertad de expresión en México y el miedo?
José Woldenberg:
Yo creo que tienes razón, tenemos un déficit en películas y series de televisión que hablen del pasado reciente de México. Es cierto.

¿Por qué sucede así? No sé si es por miedo nada más, o también es por impericia. Lo que sí sé es que sería muy sano que tuviéramos una televisión y un cine que abordaran los acontecimientos políticos y sociales importantes de los últimos años. De eso no me cabe la menor duda.

Me cuesta mucho trabajo pensar que pudiera ser censurada una película que se hiciera sobre cualquiera de los acontecimientos que hemos vivido en los últimos años. El intento de censura de la Ley de Herodes fue derrotado. Igual sucedió con El Padre Amaro.

Sé que la censura existe. Veo películas mexicanas en televisión a las que les suprimen las groserías, les ponen un beep o dejan en silencio esas frases. Cortan los desnudos y hacen cosas absurdas.

Pienso que esta falta de producciones sobre el pasado reciente tiene que ver más con la inercia. Necesitamos guionistas, productores y directores que se arriesguen a realizarlas, para ver producciones como la que hizo Mandoki en el 2006 y que se exhibió en los cines.

Tengo la impresión de que quienes están en el cine y la televisión, no se animan a hacerlo. No me imagino a ninguna secretaría de Estado, a la Presidencia o a alguna iglesia impidiendo hoy que algo se produzca. No me lo imagino.

José Antonio Fernández: Hoy la televisión es el punto de la polémica en la Reforma Electoral vigente. ¿Cuá sería el comportamiento ideal de la televisión y de sus concesionarios en las elecciones presidenciales del 2012?
José Woldenberg:
Para empezar, habría que mantener el esquema de que sólo fuera a través de los tiempos oficiales el acceso de los partidos a la televisión en tiempos electorales.

Pero debe cambiarse el formatode exhibición, no sólo deben ser los spots porque se degrada a la política y de eso no se trata.

En materia de noticieros de radio y televisión, que traten de ser profesionales y equilibrados y que abran programas de debate. Con eso sería suficiente.

José Antonio Fernández: ¿Qué observas en relación a la polémica de Enrique Peña Nieto y Televisa?
José Woldenberg:
Ahí se presume algo grave. Aclaro que se presume y yo no puedo afirmar. Se presume que se están vendiendo espacios noticiosos. De ser así, y lo subrayo, estaríamos ante un fenómeno de corrupción flagarante porque se supone que las noticias no se venden.

José Antonio Fernández: ¿Si una televisora quiere apoyar a un candidato a la Presidencia en 2012 debe hacerlo de manera abierta, o no?
José Woldenberg:
Yo creo que ante el estado germinal de nuestra democracia y dado que radiodifusoras y televisoras son concesionarias, no dueñas, tienen que cumplir con una especie de misión de Estado y ver por el conjunto.

Lo peor que le puede pasar al país es que sus medios de comunicación acaben actuando de manera facciosa. Sería grave.

José Antonio Fernández: ¿Te opusiste en el 2006 al recuento del voto por voto?
José Woldenberg:
No, hay alguien que lo ha dicho, pero no me opuse. Lo que dije en su momento es que la Coalición por el bien de todos, la de Andrés Manuel López Obrador, planteaba una cosa en las calles, que era el voto por voto y casilla por casilla, y otra distinta ante el Tribunal.

Ante el Tribunal, aunque mucha gente no lo crea, lo que solicitaron los de la Coalición por el Bien de Todos, los partidos que apoyaron a AMLO, fue el recuento de poco más de 200 distritos electorales y de poco más de 40,000 casillas. No de todos los distritos y todas las casillas. Hay más de 130,000 casillas.

En el 2006 se recontaron cerca de 12,000 de las 40,000 casillas pedidas, en las que no encontraron ningún patrón fraudulento. Esto quiere decir que no encontraron ningún patrón, ninguna constante, que beneficiara a un candidato y perjudicara a otro. De ahí que el Tribunal Electoral diera por buena la elección.

José Antonio Fernández: ¿Crees que debiera haberse hecho el voto por voto total, o no?
José Woldenberg:
Nadie lo pidió. Eventualmente hubiera servido para aclarar.

José Antonio Fernández: Eres un personaje que gozas de un gran prestigio, ¿te gustaría ser Presidente de la República?
José Woldenberg:
No, definitivamente no. Y te digo que no, porque no creo tener la capacidad. Sé mis limitaciones.

José Antonio Fernández: ¿Alguien te lo ha propuesto?
José Woldenberg:
Jamás. Es una virtud saber cuáles son las limitaciones de uno.


 

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