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Por José Antonio Fernández
Fernández
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Vivó
José Woldenberg es el intelectual mexicano más
influyente en la política de nuestro país de los últimos
20 años. Ninguna opinión independiente pesa más que la
de Woldenberg en México. Lo que dice públicamente marca directrices.
Lo sabe y es sumamente cuidadoso al dejar saber sus puntos de vista. Fue el
Presidente del IFE en el 2000, año que el PRI salió de Los Pinos
luego del triunfo sin conflictos de por medio de Vicente Fox.
En la conversación, José Woldenberg habla de las limitaciones que
existen hoy para que cualquiera pueda pagar tiempos publicitarios en televisión
a favor o en contra de partidos, personas o ideas políticas en tiempos
electorales. Es el tema del conflicto con grupos de la iniciativa privada y con
las cadenas de televisión.
Woldenberg valora el desarrollo de la democracia mexicana y dedica parte de su
tiempo, lo dice, para que la población también lo valore.
Juega una suerte de evangelizador de la democracia que sabe a fondo el tamaño
de los avances y está comprometido en serio con ellos, de ahí que
busque que la gente los comprenda y valore también.
En dos ocasiones se
ha acercado a la televisión para que el análisis y los testimonios
se difundan en la pantalla y den valor a esa naciente democracia.
La primera ocasión se acercó a Televisa, por invitación
de Leopoldo Gómez, cabeza de Noticias del consorcio, y ahí fue
artífice y conductor de la
serie México, historia de su democracia, en la que dio cuenta de cómo
se había llevado a cabo la transición democrática en nuestro
país.
Y con TV UNAM, a invitación de Saltiel Alatriste, Coordinador de Difusión
Cultural de la UNAM, y de Ernesto Velázquez, Director de TV UNAM, armó la
serie Los Retos de la Democracia, de la que también es conductor.
José Antonio Fernández: Eres ya un personaje
que ha escrito su nombre en la historia de México. No veo que tu posición
política se relacione con ningún
partido ni con algún
colectivo. Veo tu posición ante la vida pública de México
como la posición Woldenberg, es tuya, es independiente y es clara.
¿Compartes lo que digo?
José Woldenberg: Subjetivamente yo me siento
parte de la izquierda democrática
de México.
Fui de los fundadores del sindicalismo académico de la UNAM, también
fui fundador del Movimiento de Acción Popular, del Partido Socialista
Unificado de México (PSUM), del PMS (Partido Mexicano Socialista) y
llegué en ese proceso hasta el PRD, en
donde estuve hasta 1991. Salí del PRD, junto con Pablo Pascual Moncayo
y Adolfo Sánchez Rebolledo, por diferencias con la conducción
o con la línea del partido.
Las dos grandes coordenadas que intentan ordenar mi actividad y mi visión
de las cosas son: por un lado, la idea de que México tenía que
ser democratizado, porque México no lo era, no era un país democrático.
Y la otra gran coordenada, es la de la equidad social.
Creo que en la primera coordenada hemos avanzado muchísimo, mientras
que en la segunda, la de la equidad social, estamos absolutamente estancados.
De ahí la pertinencia de una izquierda democrática fuerte.
José Antonio Fernández: ¿Consideras que sí ha avanzado
la democracia mexicana de los noventa para acá?
José Woldenberg: En materia política, que es la primera coordenada
de la que hablo, cualquiera puede constatar el cambio que ha tenido México.
Venimos de un sistema de partido casi único, el PRI, y ahora tenemos
un sistema de partidos competitivos. Teníamos elecciones sin competencia,
y hoy tenemos elecciones competidas. Teníamos un mundo que era monocolor
y ahora ese mundo es multiplural. Teníamos un Presidente omnipotente,
que hoy es un Presidente acotado. Teníamos un Congreso que era una correa
de transmisión del Presidente, y hoy es un Congreso vivo y plural.
Teníamos una Suprema Corte que en materia política no pintaba,
y hoy por los cambios políticos es un actor
fundamental y muchos de los conflictos se resuelven por vía jurisdiccional.
Creo que el cambio democratizador, para bien, ahí está.
Sin embargo, el gran déficit del país es que seguimos siendo
una nación muy desigual y peor aún porque nuestra economía
no crece. Y todavía lo peor es que hoy las cifras oficiales nos dicen
que aumenta la pobreza en México.
Mi posición está en esas dos coordenadas, la democracia y la
equidad social. Intento que México sea un país más justo
y democrático.
José Antonio Fernández: ¿Crees que a los mexicanos ya
nos gustó la democracia y que ya le entendimos o la estamos comprendiendo?
José Woldenberg: Yo creo que la estamos entendiendo.
La democracia tiene muchos problemas y se vendió como si fuera el paraíso
terrenal. No acabamos de comprender que un sistema democrático genera
problemas propios, y trato de ilustrar lo que digo: hace 25 ó 30 años,
cuando el Presidente de la República mandaba una iniciativa al Congreso,
se podía apostar cien a uno que esa iniciativa iba a ser aprobada. Eran
tiempos en los que el Presidente y su partido, el PRI, tenían mayoría
y dominaban.
Hoy, por fortuna, el Presidente no puede hacer su voluntad porque él
y su partido no tienen mayoría absoluta en el Congreso y necesitan negociar
con otras fuerzas. Yo digo que eso es virtuoso, pero tiene su contraparte,
porque hace más tortuoso y más complicado y lento el procesamiento
de todas o casi todas las iniciativas. Te puedo poner más
ejemplos.
Durante décadas las oposiciones fueron sólo testimoniales porque
no tenían la fuerza suficiente como para vetar
una iniciativa gubernamental.
Hoy tenemos oposiciones de a deveras que con su fuerza pueden vetar una iniciativa
de gobierno.
Por fortuna, en la política ya nadie puede hacer su voluntad. La otra
parte es que se necesitan negociaciones, acuerdos, y la política se
vuelve más tortuosa.
Antes, cuando había un conflicto entre un gobernado y su congreso o con
el gobierno federal, quien decidía era el Presidente. Hoy, cuando se dan
esos conflictos, quien resuelve es la Corte. Cuando la Cámara de Diputados
aprobó un presupuesto que no le gustó a Vicente Fox, el Presidente
fue a la Corte y la Corte decidió. Como ese caso hemos visto muchos.
La democracia es un laberinto, y es un laberinto complicado.
Yo creo que es muy superior al autoritarismo, pero tiene sus propios problemas.
Para mí tu pregunta es pertinente, porque yo digo que nos estamos acostumbrando
a vivir en el laberinto de la democracia. Y sí, todos estamos aprendiendo.
José Antonio Fernández: ¿Qué te
lleva a pensar que nos gusta la democracia?
José Woldenberg: Las encuestas dicen
que la inmensa mayoría de
los mexicanos quieren vivir en democracia. Es cierto que el apoyo a la democracia
ha venido bajando, pero sigue siendo mayoritario.
No existe ningún otro sistema alternativo sobre la mesa. El autoritarismo
tiene muy mala fama.
Es muy probable que hoy la gente ejerza los derechos que da el vivir en democracia
y que no sea consciente de ello.
Me explico: creo que en México hay al día de hoy una libertad
de expresión como
no existía hace 25 años, que se ejerce y que la gente la ve como
natural, cuando no es natural. La libertad de expresión en México
ha sido construida en un sistema democrático. Te cuento: cuando organizamos
el sindicatodel personal académico de la UNAM, allá por los años
setenta, en ocasiones ni pagando en un periódico podíamos publicar
el desplegado del sindicato. Esa censura hoy es impensable.
Hoy en materia de organización, la gente despliega sus derechos y ejerce
sus libertades, y todo eso es concomitante a la democracia. Mucha gente lo ve
hoy como algo normal, y qué bueno que así lo vea.
Lo contrario, hoy, sería lo anormal.
José Antonio Fernández: ¿Cuando te separas de todas las
organizaciones en las que militaste y te conviertes en Consejero del IFE, te
diste cuenta que estabas haciendo tu propia historia política?
José Woldenberg: Yo primero abandoné el PRD con un grupo
de amigos y fundamos el Instituto para la Transición Democrática,
porque creíamos que luego de las elecciones de 1988 las condiciones
estaban dadas para una transición democrática, que era justo
el nombre de nuestro proyecto. Vimos que México ya no cabía
bajo el manto de un sólo partido político, el PRI. Eso fue clarísimo
en 1988.
En 1988 observamos que si el país seguía por el rumbo de un sólo
partido dominante, íbamos a la conflagración segura.
José Antonio Fernández: ¿Cómo
te ligas al IFE?
José Woldenberg: En 1986, cuando yo estaba
en el PSUM, el partido me mandó a
ser su representante en las mesas de discusión de la Secretaría
de Gobernación para la reforma electoral de ese año. Entonces
empecé a
meterme en el asunto electoral, primero con el PSUM y luego con el Instituto
(IFE).
Cuando en 1994, lo recuerdo muy bien, el Doctor Jorge Carpizo, entonces Secretario
de Gobernación, me habló para ver si yo aceptaba ser Consejero
del Instituto Federal Electoral (IFE), no lo pensé ni
un minuto y le dije que sí. Sabía que el IFE estaba llamado a
jugar un papel muy importante. En ese tiempo ya estaban sobre la mesa los partidos
y también las elecciones, que ya
eran competidas, no eran como las de los sesentas o los cincuentas. Faltaba
lo que hoy es el IFE.
En los noventas, la única manera de normalizar la vida política
del país era dándole garantías de imparcialidad a todos
los partidos y candidatos para que las contiendas electorales fueran lo que
los libros de texto dicen que son: fórmulas para que la diversidad política
pueda convivir y competir de manera pacífica y ordenada.
A mí me dio mucho gusto la invitación de Jorge Carpizo. Entré al
IFE como Consejero Ciudadano.Nos nombraron por seis meses. Como venía
la Reforma del 95, nos dijeron los propios partidos que nos quedáramos
otros dos años para concluir la Reforma.
Luego de la Reforma me nombraron Consejero
Presidente del IFE. Fueron 7 años en los que considero se generó en
México una espiral muy productiva.
No lo veo como una historia personal, sino como la historia de una institución.
José Antonio Fernández: ¿Qué tan fuerte estaba
el IFE antes de que tú fueras Consejero Presidente?
José Woldenberg: El IFE es una institución
que ya estaba muy bien hecha antes de que yo fuera Consejero Presidente, y
no lo digo por falta de modestia.
Como la competencia política fue a la alza y el IFE probó una
y otra vez que no cargaba los dados y era imparcial, se empezó a generar
la sensación de que el camino electoral era la vía para dirimir
quién debe gobernar México y quién debe legislar. El punto
clave del proceso fue la alternancia en el gobierno federal, el cambio del
año 2000.
Muchos decían: hasta no ver, no creer.
En 1991 el IFE contó bien los votos. En 1997 el IFE organizó la
elección del Distrito Federal y la ganó el Ingeniero Cárdenas.
Fue en en 1997 cuando por primera vez el PRI no obtuvo mayoría en la
Cámara de Diputados.
Cuando en el 2000 se da alternancia en la Presidencia de la República,
quedó acreditado que México había logrado construir instituciones
y reglas que permitían la competencia pacífica entre diferentes
opciones políticas.
José Antonio Fernández: ¿Crees que en 1988 hubo fraude
electoral?
José Woldenberg: En 1988 es seguro que
las cifras se maquillaron, a mí no
me cabe la menor duda, pero no me atrevería a decir quién ganó y
creó que nadie lo sabrá. En ese entonces yo era miembro del PSUM
(Partido Socialista Unificado de México), y nosotros sí teníamos
un centro de cómputo, precario y malo, pero al fin un centro de cómputo.
Te puedo decir que esos 20 puntos de ventaja que le dieron a Carlos Salinas
de Gortari sobre el Ingeniero Cárdenas, resultan increíbles por
los datos que se pudieron recabar. Tan increíbles
fueron esos resultados, que el IFE es la respuesta a esas elecciones de 1988.
Afortunadamente en 1988 se entendió, desde las oposiciones y desde el
gobierno, que las viejas normas que habían organizado las elecciones
de 1988 eran ya inviables para el México moderno.
Se tomó conciencia y se construyó el IFE y con él una
nueva normatividad del proceso electoral.
José Antonio Fernández: Has tenido una enorme
consistencia a lo largo del tiempo. Has sido leal a principios y a pensamientos.
¿Esa consistencia es una herencia familiar, alguien en tu familia tiene
esa consistencia?
José Woldenberg: No sé si sea muy
consistente.
Me cuesta mucho trabajo hablar de mí mismo. Soy la primera persona en
mi familia que ha estado metida en la política. Mi padre, que ya murió,
era una persona muy consistente. Era un hombre de principios muy claros. Fue
muy buen educador. Se dedicaba al comercio. Mi madre también fue consistente
en lo suyo.
Primero fue secretaria y después se dedicó a ser ama de casa. Ambos
estuvieron muy, muy alejados de la política. Era algo lejano y ajeno.
La política no era bien vista por ellos.
Yo tengo la gran fortuna de haber trabajado en las cosas que he querido, y
eso por desgracia sé que muy poca gente lo puede decir. Estudié lo
que quise, me gusta dar clases, estar en la Universidad. Me gusta escribir
y leer. Cuando estuve en el sindicalismo, me encantaba. Mientras milité en
los partidos de izquierda, pensé que
una izquierda fuerte y arraigada, con peso electoral y cargos públicos,
era absolutamente necesaria para el país. Y cuando estuve en el IFE
tuve una idea clara: si México no lograba construir una democracia,
no era viable políticamente hablando.
Todo lo que he hecho a lo largo de mi vida son labores que siempre me han entusiasmado.
Nunca he sentido que el trabajo es un peso, un fardo para mí.
José Antonio Fernández: ¿Has sentido esa sensación
de que en tu vida tienes misiones que cumplir y que algo te lleva hacia ellas
de manera casi magnética?
José Woldenberg: Tanto como misiones,
no. Yo les llamaría
causas. Creo que una persona actúa cuando detecta que
hay cosas que valen la pena hacer porque ve que tienen sentido.
Por ejemplo, en la época del sindicalismo a mí me parecía
que era increíble que una institución como la UNAM regulara sus
relaciones laborales con los profesores a través de estatutos que de
manera unilateral expedía la autoridad. No entendía por qué no
se regulaba esa relación a través de un contrato colectivo de
trabajo.
En esos años creímos que el sindicalismo iba a ayudar a defender
a la universidad pública de muchos de los embates que recibía
de afuera.
En los setentas hubo muchos conflictos de universidades públicas con
gobernadores. Y además el sindicalismo universitario nos permitía
ligarnos con otros trabajadores. Pasado el tiempo, el sindicalismo universitario
ha sufrido un proceso de degradación, pero esa es otra historia. Cuando
estuve en el IFE, yo creía, como lo creo hoy, que la causa de la democracia
puede amparar muy diversas corrientes políticas.
La democracia puede ser la causa de la derecha, del centro y también
de la izquierda.
Sólo en la democracia las distintas corrientes políticas pueden
coexistir.
José Antonio Fernández: ¿Qué papel
juega en tu vida el factor honestidad?
José Woldenberg: Yo he tratado de ser honesto.
Esas cosas las deben juzgar otros.
José Antonio Fernández: Te lo pregunto de otra forma: ¿qué papel
juega la honestidad en la vida?
José Woldenberg: Pienso que es la única manera de sentirse
más o menos bien.
Cuando uno ha tenido que ser árbitro de una contienda política,
el valor honestidad tiene que ser demostrado. Debes demostrarle a los competidores
que a pesar de que tú tienes convicciones políticas,
crees que por encima de ellas está la aplicación rigurosa de
las reglas, sin cargar el fuego a favor o en contra de nadie. En ese sentido
creo que la honestidad es muy importante en la vida.
Más de lo que dijo José Woldenberg en la entrevista
(respuestas relacionadas al papel que juegan los medios en la democracia)
• La honestidad también está hecha de
un contexto de exigencias hacia tí y hacia la institución en
la que colaboras. Me explico: el IFE es una de las instituciones más
vigiladas y más seguidas, y eso también ayuda a que el árbitro
tenga que comportarse de acuerdo a las normas. Todas las sesiones son públicas
por ley. Todos los actos del IFE pueden ser recurridos ante el Tribunal. Es
decir, el IFE no es la última palabra en ninguna materia, y eso ayuda
a generar un contexto de exigencias que obliga a los funcionarios del Instituto
a actuar de manera imparcial, objetiva, profesional.
José Antonio Fernández: ¿Por qué crees
en la democracia?
José Woldenberg: Te respondo con una obviedad. Como dijo Churchill:
creo en la democracia porque aunque es un mal sistema de gobierno, no se ha
inventado ninguno mejor.
• En una sociedad como la nuestra, de más de 100 millones de habitantes,
en donde existen sensibilidades, puntos de vista e ideologías diversas,
el único formato político que le puede dar cauce a esa diversidad
es la democracia.
• Todos los sistemas autoritarios parten de la
idea de que hay una sóla
verdad, que hay un sólo diagnóstico correcto, que hay sólo
unos intereses legítimos y que el resto de los intereses, de los diagnósticos
y de las ideologías son ilegítimas. Por eso el autoritario lo
que hace es declarar
ilegales, perseguir o marginar a quienes no piensan ni actúan como él.
Y hay autoritarismos de izquierda y derecha. Pienso en Franco en España
y en Stalin en la Unión Soviética.
• Si creemos que la riqueza de una sociedad está en su diversidad, ¡qué bueno que existan intereses distintos, visiones distintas
e ideologías
distintas! La democracia es el único sistema político que le
puede dar cauce y legitimidad a esa coexistencia. Por eso creo que la democracia
sí es un sistema político superior a cualquier otro, a pesar
de sus muchos problemas.
José Antonio Fernández: ¿Qué papel juegan en la
democracia los medios de comunicación?
José Woldenberg: Los medios son importantísimos
para la democracia.
• En la sociedad moderna los medios juegan un papel fundamental.
Modulan, en buena parte, los humores públicos. Jerarquizan lo que es
importante y lo que no. Le dan visibilidad a unas cosas y otras no aparecen.
Del trabajo de los medios depende, en buena medida, el asentamiento o no del
sistema democrático.
• Yo creo que los medios masivos, sobre todo radio
y televisión,
sufrieron un cambio positivo en los últimos 25 años en el sentido
de que se abrieron a la pluralidad y acompañaron hasta cierto grado
la transición democrática mexicana. Sin embargo, hay asignaturas
muy fuertes en los medios que todavía no cumplen. Me refiero al grado
de profesionalismo, de objetividad. La recreación de los valores democráticos
todavía no se da bien en los medios. Tenemos un rezago muy marcado en
esa materia.
Lea más de lo que dijo José Woldenberg
publicado en exclusiva por Canal100.com.mx
José Antonio Fernández: ¿En
dónde vez ese rezago de la recreación de los valores democráticos
de los medios?
José Woldenberg: El rezago lo veo al
prender la radio y la televisón.
Reconozco que sin duda sí hay diversidad y puntos de vista distintos,
pero creo que falta objetividad. Hay mucha especulación. Su manera de
jerarquizar la información tiene que ver más con el escándalo
que con la discusión racional. No creo que hoy los problemas del país
aparezcan con suficiencia en los medios masivos. Observo una tendencia a vulgarizar
ese tipo de discusiones. Por ejemplo, si algo no funciona, de la salud, la
basura o los ferrocarriles, normalmente se dice que es porque los responsables
son tontos, corruptos o inoperantes, pero en realidad no vamos al fondo de
los problemas.
Problemas muy serios
como la pobreza o la desigualdad, son realmente complicados y no basta con
adjetivar a los responsables para solucionarlos. Los medios tienden a achatar
y a simplificar los problemas del país, y muchas veces hasta
a vulgarizarlos.
José Antonio Fernández: Te has acercado
a la televisión,
contrario a lo que sucede todavía con algunos intelectuales que todavía
le tienen recelo. Y me llama la atención que así como eres un creador
de estructuras políticas, también en televisión has creado
tus espacios de expresión, no te metes a los espacios ya creados. Primero
lo hiciste con la serie México, Historia de su Democracia, en Televisa,
y ahora en TV UNAM con la serie Los retos de la Democracia.
¿Por qué decidiste acercarte a la televisión creando tus
propios espacios?
José Woldenberg: Cuando yo vi en Canal
22 la serie La historia de la transición
española, me dije: en México hemos vivido una transición
democrática y no está documentada en los medios, ¿por qué no
hacer un programa que documente nuestra transición? Con esa idea en la
cabeza, en un primer momento Alfredo Joscowicz y yo nos acercamos a Emilio Azcárraga
Jean para presentarle este proyecto, pero no tuvimos éxito.
A los dos
años
Leopoldo Gómez me llamó para decirme que tenía un proyecto
al que me quería invitar. Era muy similar a la idea que habíamos
propuesto antes Joscowicz y yo. Le respondí a Leopoldo Gómez
que teníamos ya tres capítulos. Se los mandé y me respondió que
le interesaba que hiciéramos el proyecto juntos. Hacer la serie México,
Historia de su democracia con Televisa fue muy buena experiencia. Su archivo
filmográfica es fantásticos. Igual lo son sus técnicos,
editores y guionistas. Son gente muy capaz. Hicimos una serie que me gustó mucho.
Ahora en el caso de
TV UNAM, Saltiel Alatriste (cabeza de difusión cultural
de la UNAM) y Ernesto Velázquez (Director de TV UNAM) un día
me plantearon hacer una serie capitulada. Entonces a mí se me ocurrió continuar
la serie que hicimos con Televisa. en la que se cuenta cómo se construyó el
sistema democrático en México. En la de TV UNAM se trata de conocer
cuáles son los problemas de la democracia, de ahí el nombre:
Los retos de la Democracia.
Para mí también
fue muy placentero trabajar con TV UNAM. Con sus guionistas, productores,
con su director. Planeamos cinco programas en los que entrevistamos a académicos,
funcionarios públicos y funcionarios
de diversas instituciones. Hicimos un programa interesante. La serie pone sobre
la mesa los problemas que tiene que resolver la democracia para hacer posible
su reproducción.
José Antonio Fernández: Vuelvo a preguntarte: ¿por qué buscas
crear tu espacio, tu línea, tu programa?
José Woldenberg: Es que lo otro para mí es muy difícil.
Yo cuando veo a muchos de los compañeros que tienen programas diarios
o semanales y que comentan de todo, desde los problemas de la basura hasta del
petróleo, la economía, los recursos naturales y la deuda externa,
me pregunto: ¿cómo le hacen? Me parece muy difícil poder
opinar sobre todo. Y reconozco que hay gente que habla de todo y lo hace muy
bien.
Yo mejor hago proyectos
en donde creo tener algunas ideas, más o menos
firmes, porque creo tener cierto conocimiento del asunto. Y de lo que no sé,
pues no hablo.
José Antonio Fernández: La televisión es hoy muy importante
para la democracia del país, de eso no hay duda. Pregunto: ¿limitaron
o extralimitaron a la televisión con la Reforma Electoral? Es la gran
discusión de hoy.
José Woldenberg: Efectivamente es la gran
discusión.
Yo creo que la Reforma Electoral es correcta. Me explico: la Reforma dice
que los partidos y los candidatos no pueden comprar tiempo en radio y televisi ón
durante las campañas electorales. ¿Por
qué? Porque en las elecciones del 2006 había una transferencia
enorme de recursos públicos que terminaban en la radio y la televisión.
Entonces los legisladores con buen tino dijeron: no se puede vender espacio en
televisión para anunciar mensajes políticos durante
los tiempos electorales.
La decisión fue que todos los spots de carácter
político en televisión, a lo largo de dos meses previos a la elección,
sería vía los tiempos oficiales. Lo que se ganó con esta
medida fue equidad en la contienda y, al mismo tiempo, que no salieran tan caras
las campañas. Como derivación natural se llevó a la Constitución
lo que ya estaba en la Ley Electoral: que ningún tercero puede comprar
tiempo en radio y televisión durante las campañas electorales,
para estar a favor o en contra de los partidos. Es lógico que así suceda,
porque si quieres mantener condiciones de equidad y permites que terceros compren
tiempos, simple y sencillamente esas condiciones de equidad desaparecen. Este
es el núcleo del diferendo.
En 2009 ya se aplicó la
Reforma Electoral, ya no se permtió que
terceros paguen tiempos de pantalla en tiempos electorales. Lo que ahora creo
que debíamos reformar es la manera en que se exhibe esa publicidad política
en radio y televisión. Lo demás lo dejaría como está,
y como está siginifca que ningún tercero pueda pagar por incluir
publicidad de carácter político en radio y televisión
para apoyar o hablar en contra de algún candidato o de algún
partido político.
A mí hoy me
preocupa lo siguiente: con el formato de anuncios de 20 ó 30
segundos, lo que se consigue es simplificar y a veces hasta degradar el debate
público. Pienso que manteniendo el criterio de que no se compra tiempo
en radio y televisión y que los anuncios se incluyen a través
de los tiempos oficiales, podría haber una sección pequeña
de spots y el resto del tiempo podrían ser sesiones de debate o espacios
en los que los partidos políticos hicieran un diagnóstico y una
propuesta, pero no tratar de ganar el voto únicamente con una frase
y una sonrisa.
Se dijo que la Ley
Electoral viola la libertad de expresión al no permitir
que terceros paguen por hacer publicidad política en tiempos electorales.
Eso no es verdad, no hay violación. En los países europeos ningún
particular puede comprar publicidad política en televisión durante
las campañas electorales, y nadie habla de no libertad de expresión.
En muchos países de América Latina tampoco los terceros pueden
comprar espacios de televisión para meterse a las campañas electorales.
¿Por qué la
regla? Porque en todos lados se trata de que las campañas
sean más o menos equilibradas, y si cualquier persona puede comprar
tiempo en radio y televisión para hablar bien o mal de un candidato
o un partido, todo lo que tanto trabajo ha costado construir para que la competencia
se dé en
condiciones equitativas, simple y sencillamente se trastocaría.
José Antonio Fernández: Yo observo que la televisión se
ha limitado y autolimitado luego de la Reforma Electoral, y percibo que la contienda
del 2009 tuvo un matiz hipócrita por parte de los partidos. Es decir,
los partidos y los políticos se mostraron como niños bien portados
en televisión, pero no vimos polémica en sus anuncios ni un espacio
de discusión de ideas. Cada uno tomo su bandera.
José Woldenberg: Vamos por partes: durante
los sesenta días que
duraron las campañas, ningún tercero podía comprar
tiempos en radio y televisión para hacer publicidad a favor o en
contra. Fuera de esos sesenta días, ese tercero que lo quiera sí puede
pagar para hacer publicidad de carácter político.
La verdad es que es
muy raro que un tercero compre publicidad en radioy televisión
para estar a favor de tal o cual partido o candidato o para hablar de política.
La restricción es sólo durante los tiempos de campañas
electorales. Insisto, es para mantener la equidad en la contienda.
Ahora bien, en la televisión
y en el radio se puede discutir en cualquier tipo de programa lo que se quiera.
Ahí no hay ninguna prohibición.
Se pueden hacer sketches y polemizar en mesas y en donde se les ocurra.
Estoy de acuerdo contigo
en el sentido de que los problemas medulares del país
no aparecieron (en pantalla) en las campañas electorales con la fuerza
que podríamos esperar. Me sorprendió que estando México
en una de las crisis económicas más profunda de las últimas
décadas, el tema de la crisis económica prácticamente
no apareció en los discursos ni en el debate de los partidos, cuando
se supone que las elecciones son el momento estelar en donde las grandes discusiones
se vuelven protagonistas.
El formato publicitario
actual, centrado en la difusión de spots, hace
muy difícil la discusión de fondo de los grandes problemas
del país y sus posibles soluciones.
Lo que definitivamente
no creo, es que la Ley Electoral limite la libertad de expresión.
Mi posición es clara: respaldo la decisión de
prohibir que terceros puedan pagar para meter spots publicitarios en tiempos
electorales, porque no estoy de acuerdo en que se mercantilice esa posibilidad
en tanto llevaría a perder la equidad. Hay que hacerle modificaciones
a la fórmula de proyección de los mensajes, pero de ninguna manera mercantilizar
la posibilidad.
José Antonio Fernández: Para que se abriera de nueva cuenta la
posibilidad de que terceros pudieran pagar spots políticos en radio y
televisión en tiempos electorales, ¿tendría que reformarse
la Constitución?
José Woldenberg: Debería darse una discusión en en Congreso
y las modificaciones tendrían que aprobarlas el 66 por ciento de
los votos.
Hasta donde yo he escuchado,
no percibo que los partidos estén por
dar reversa en este asunto de la Ley Electoral.
Quiero extenderme:
el corazón de la Reforma de 1996 fue el pensar la manera de construir
condiciones equitativas en las elecciones. Era lo fundamental en ese momento,
porque en 1991 y en 1994 ya se habían
contado bien los votos. El problema a resolver en 1996, era que las condiciones
de la competencia se presentaban a todas luces asimétricas. El propio
Presidente Zedillo dijo: gané, en efecto,
pero las condiciones de la competencia fueron muy desiquilibradas. Entonces
los Consejeros del IFE presentamos un informe del gasto de la campaña
del 94, en el que se comprobaba que de cada diez pesos de gasto total, el
PRI había
gastado ocho de esos diez. El resto de los partidos solamente dos pesos. En
esas condiciones era imposible hablar de una contienda democrática.
Por eso en 1996 los
legisladores buscaron controlar dos palancas en la contienda electoral: el
dinero y el acceso a los medios para hacerse publicidad. En materia de dinero
incrementaron la cantidad y los distribuyeron de manera más
equitativa. Y en materia de medios sucedieron dos cosas: se incrementó el
tiempo oficial para la difusión de mensajes de carácter político y los partidos
compraron más
espacio en radio y televisión
porque tenían más dinero. El resultado se dejó ver: las
condiciones de competencia de las campañas de 1997, 2000 y 2003 fueron
equitativas, el problema es que todo el mundo consideró, incluyendo
a los medios, que las elecciones eran carísimas.
Después del
2003 se discutió con fuerza el asunto del costo de
las campañas. Se demostró que el dinero hacía un recorrido
rápido: de Hacienda al IFE, del IFE a los partidos y de los partidos
a los medios. Cuando se pensó en cómo disminuir el costo de las
campañas,
la respuesta también fue rápida: eliminar la compra de tiempos
en radio y televisión. Y así se hizo la Reforma Electoral que
nos rige.
Hoy la publicidad en
tiempos electorales se hace a través
de los tiempos oficiales. Nadie puede comprar tiempos para incluir spots políticos
en radio y televisión durante las campañas electorales . Los
afectados fueron los concesionarios de radio y televisión, y entiendo
su enojo y su malestar. Pero hay que sacrificar algunos intereses particulares
en beneficio de intereses superiores.
José Antonio Fernández: ¿Cómo
debe jugar hoy en la democracia un gran empresario, como lo pueden ser Carlos
Slim o Lorenzo Zambrano, o los concesionarios de radio y televisión,
como lo son Emilio Azcárraga
Jean y Ricardo Salinas Pliego? Y lo pregunto porque tienen una posición
de poder distinta a un maestro, un ejecutivo, un mecánico o un mesero.
Aclaro que mi pregunta respeta a todos, pero sí veo diferencias.
José Woldenberg: Lo dices bien.
Los medios masivos de comunicación
no son una empresa más, y tampoco los grandes empresarios. Por
supuesto tienen una responsabilidad social.
En particular los medios
de comunicación deben ser copartícipes
y ayudar a todos para asentar los valores y principios de la conviviencia democrática.
Durante las campañas electorales deben tratar de ser lo más objetivos
e imparciales que les sea posible, lo que no quiere decir que un comentarista
de radio y televisión no emita su opinión favorable o desfavorable
hacia un candiato o partido. Lo importante es que los medios no actúen
de manera facciosa, sino que nos ayuden a recrear en sus estaciones esa pluralidad
que vive y está a diario en la sociedad mexicana.
José Antonio Fernández: Vi alguna vez
a Serrat, el genial cantante y compositor, en un mitín en España
en el que declaró ante
miles que estaba a favor de Felipe González. Dijo en ese gran
evento: queremos más de lo mismo, dando así su apoyo al
PSOE. Cito otro caso similar: el New York Times apoyó abiertamente a
Obama para que llegara a la Presidencia.
Este tipo de apoyos públicos tan importantes, cuando se dan en México
provocan grandes escándalos y hay quien se asusta y los censura. Desde
tu posición, ¿se vale eso en México?
José Woldenberg: Aquí también
se vale. Yo he visto deportistas y actores. Los he visto hasta
de candidatos.
José Antonio Fernández: Quiero extender
la pregunta: si mañana
Emilio Azcárraga Jean o Ricardo Salinas Pliego dijeran que
están
a favor de tal o cual candidato, se armaría un escándalo
mayúsculo
y serían criticados brutalmente. ¿Se vale que digan
su posición
personajes como Azcárraga Jean y Salinas Pliego?
José Woldenberg: Es que esto tiene que ver con nuestra historia y con
lo que nos ha costado construir condiciones razonables para la competencia.
Yo creo que ellos,
Azcárraga Jean y Salinas Pliego, como personas tienen todo
el derecho de emitir su opinión a favor o en contra de los candidatos.
Pero creo que dado que son concesionarios de un bien público que tiene
una gran responsabilidad social, como lo es la televisión, ese medio
en la etapa actual que vive la democracia mexicana debe ayudarnos a todos a
aclimatar la coexistencia de la pluralidad. Si son facciosos, va a ser muy
difícil.
José Antonio
Fernández: Voy a hacer una
comparación que
quizá a algún lector le parezca tonta, pero creo que puede
servir para explicar el caso. ¿Significa lo que dices que entonces
personajes como Azcárraga y Salinas Pliego deben actuar como la abuelita
con sus nietos, que aunque tenga sus consentidos debe actuar lo más
pareja posible para ayudarlos a todos y a todos hacerle su
chocolatito caliente porque al final de cuentas todos son importantes
para la familia?
José Woldenberg: Te respondo así: ¿qué diríamos
si un funcionario público tomara recursos humanos o materiales de su
dependencia para ponerlos al servicio de una partido o de un candidato? De
inmediato lo criticaríamos, y además ese funcionario podría
ser castigado porque es algo que está tipificado
como un delito de carácter penal. Ahí ya no hay discusión.
Cuando se habla de
empresas privadas, es distinto. Sin embargo, en el caso de los medios desde
1996 se estableció la siguiente norma: el IFE le entrega
a la Cámara de Radio y Televisión, antes de que se inicien las
campañas,
unos lineamientos que son aprobados por los partidos. En términos generales,
eso lineamientos dicen lo siguiente: señores concesionarios, ojalá que
en sus noticieros la cobertura de las campañas electorales sea objetiva,
profesional, equitativa y no invada la vida privada de los candidatos.
Estos
lineamientos los concesionarios pueden hacerles caso o no, no hay fuerza legal
para obligarles a que los cumplan. Lo importante es que estos lineamientos
se hacen públicos
y les crean un contexto de exigencia. En resumidas cuentan los lineamientos
del IFE les dicen: señores
concesionarios, necesitamos que nuestra campañas sean auténticamente
democráticas y para conseguirlo la contribución
de los medios, de ustedes, es muy importante.
Y te aclaro que si
algún medio se comporta de manera facciosa para estar
a favor o en contra de algún candidato o partido, la autoridad no tiene
ningún instrumento para sancionarlo porque se respeta la libertad de
expresión.
Los medio deben tener
conciencia del rol tan relevante que juegan en la democracia.
Yo no encuentro hoy
ninguna norma coactiva en relación a los medios, lo
que sí hay son una serie de instrumentos que sirven
para generar un cierto contexto de exigencia a los medios.
José Antonio Fernández: Cuando el PRI
dominaba, en el Congreso se hacían diputados a personajes de todos los
sectores. Daban puestos de manera planeada para que ahí se dieran
cita actores, ferrocarrileros, mineros, agricultores y demás. Hoy el
país
ha cambiado mucho, y parte de ese cambio es que existen muchas empresas privadas.
Actualmente, empresarios y grupos empresariales, como es el caso de las mismas
televisoras, están tratando de
tener gente en el Congreso que defienda sus intereses y los alerte ante
posibles cambios que no les favorezcan. ¿Estos
grupos de poder tienen derecho de buscar
que gente a su favor ocupe posiciones en
el Congreso, o no?
José Woldenberg: Yo
parto de la siguiente premisa: todos los
ciudadanos, independientemente de su grado
de riqueza y de poder, deben de ejercer
todos sus derechos políticos.
Veamos: hace apenas
unos años, en la época del PRI se vivía
una especie de ficción. Se nos decía que bajo el paraguas
del PRI estaba reunida toda la nación. Su estructura era fundamentalmente
corporativa. Las grandes organizaciones agrarias y populares constituían
sus sectores y era la vía para
entrar al Congreso.
Hoy la mecánica
es distinta: la vía para entrar al Congreso son
los partidos políticos. Para mí hoy resulta natural que los diferentes
grupos de poder quieran tener representantes en el Congreso a través
de los partidos políticos. Lo que habría que pedir solamente
es transparencia en esto. Es decir, saber qué intereses defiende cada
uno de los que se están postulando. Yo no veo problema que cada grupo
quiera tener representantes en el Congreso, lo importante es que el elector
sepa que cuando vota por tal candidato también está votando
para defender ciertos intereses.
José Antonio Fernández: Pero va
a ser muy difícil que alguien
diga: yo soy el candidato de Slim, yo el de Lorenzo Zambrano...
José Woldenberg: Actualmente
se
ha
hablado
mucho
de
que
el
Partido
Verde
postuló candidatos que han trabajado en Televisa o TV Azteca. En el debate
público habría que conocer cuál es la biografía de
los candidatos para sí ubicarlos
y
conocer
lo
que
dicen
y
piensan.
Lo
que
ninguna
legislación debiera ser, porque sería
absurdo,
es
que
esos
intereses
tuvieran
prohibido
estar
representados
en
el
Congreso.
Hay
que
transparentarlos.
José Antonio
Fernández:
Tengo
la
impresión
de
que
el
IFE
encaminó más
el
manejo
de
información
a
controlarla
que
a
dar
más
y
mejor
información
a
los
electores.
Por
ejemplo,
a
mí me
gustaría
que
el
IFE
enviara
a
domcilio
nombres
con
biografías
de
todos
los
candidatos
contendientes.
Entonces
estaría
pensando
que
el
IFE
se
preocupa
porque
el
elector
sí esté informado.
Muchísima gente no supo ni por quién
voto.
José Woldenberg: Yo
creo
que
los
responsables
de
esa
información
debieran ser los partidos y los propios candidatos, y que la sociedad debemos
reclamar esa información. Lo mínimo que alguien que quiera ocupar
un cargo público debe hacer, es decir quién es a sus electores
y en qué cree.
Podría incluirse
lo que dices en la legislación: que cada candidato
esté obligado a presentar un curriculum mínimo
que
aparezca
por
internet.
A
mí me parece que lo fundamental es el debate público, que el
candidato A polemice y cuestione al B y viceversa. Y que el elector conozca
la plataforma del partido, qué defiende, y una biografía mínima
de
quien
va
a
ser
su
representante,
sus
ideas
y
propuestas.
José Antonio Fernández: Me parece que el IFE tendría que
crear mecanismos de información obligatorios y puntuales que ayuden al
elector a tomar su decisión del voto. Y también considero que debe
tomarse en cuenta que internet es un medio al que no accede más del 30
por ciento de la votación.José Woldenberg: Estoy
totalmente
de
acuerdo
que
las
campañas electorales
deben ser más
informativas,
y
en
ese
sentido
son
muchas
las
cosas
que
se
pueden
hacer.
José Antonio Fernández: Se habla mucho de los avances
de la libertad de expresión en México, sin embargo yo creo
que no ha avanzado tanto como se piensa. Te doy un importante indicador:
ninguna película
mexicana y niguna serie de ficción en televisión ponen en
pantalla la historia moderna de México, con los nombres y hechos
que han sucedido en los últimos años en nuestro país,
como sí sucede
en
otras
naciones,
particularmente
con
Estados
Unidos.
En
México existe miedo todavía de concesionarios, dueños,
directores y productores. Los políticos en México siguen
dando miedo. Y te doy ejemplos que indican ese miedo: no hay en pantalla
historias del 71, del 75, de la crisis del 76, ni del 82, menos del 88 ó del
94. No hay del zapatismo ni de la vida de los presidentes. Apenas ahora
se filmará una
película
del
terremoto
del
85.
Del
68
hay
dos
o
tres.
Yo
conozco
perfectamente
y
a
detalle
por
las
películas de Hollywood cómo
es la oficina del Presidente de Estados Unidos, pero no sé cómo
es la del Presidente de México.
Yo
veo
que
hoy
en México se
ejerce
la
libertad
de
expresión en mesas de opinión
y en ciertos casos contados de noticieros y documentales, pero no en películas
ni en series o telenovelas. ¿Qué me puedes decir de esto
que te comento sobre los avances de la libertad de expresión en
México
y
el
miedo?
José Woldenberg: Yo
creo
que
tienes
razón, tenemos un déficit
en películas y series de televisión que hablen del pasado
reciente de México.
Es
cierto.
¿Por qué sucede así? No sé si es por miedo nada más,
o también es por impericia. Lo que sí sé es que sería
muy sano que tuviéramos una televisión y un cine que abordaran
los acontecimientos políticos y sociales importantes de los últimos
años.
De
eso
no
me
cabe
la
menor
duda.
Me
cuesta
mucho
trabajo
pensar
que
pudiera
ser
censurada
una
película
que se hiciera sobre cualquiera de los acontecimientos que hemos vivido en
los últimos
años. El intento de censura de la Ley de Herodes fue derrotado. Igual
sucedió con
El
Padre
Amaro.
Sé que la censura
existe. Veo películas mexicanas en televisión
a las que les suprimen las groserías,
les
ponen
un
beep
o
dejan
en
silencio
esas
frases.
Cortan
los
desnudos
y
hacen
cosas
absurdas.
Pienso
que esta
falta
de
producciones
sobre
el
pasado
reciente
tiene
que
ver
más
con la inercia. Necesitamos guionistas, productores y directores que se arriesguen
a realizarlas, para ver producciones como la que hizo Mandoki en el 2006 y
que se exhibió en
los
cines.
Tengo
la
impresión de que quienes están en el cine y la televisión,
no se animan a hacerlo. No me imagino a ninguna secretaría
de
Estado,
a
la
Presidencia
o
a
alguna
iglesia
impidiendo
hoy
que
algo
se
produzca.
No
me
lo
imagino.
José Antonio Fernández: Hoy la televisión es el punto de
la polémica en la Reforma Electoral vigente. ¿Cuá sería
el comportamiento ideal de la televisión
y
de
sus
concesionarios
en
las
elecciones
presidenciales
del
2012?
José Woldenberg: Para
empezar,
habría que mantener el esquema de
que sólo fuera a través de los tiempos oficiales el acceso de los
partidos a la televisión en tiempos electorales.
Pero debe cambiarse
el formatode exhibición, no sólo deben ser los spots porque
se degrada a la política
y
de
eso
no
se
trata.
En
materia
de
noticieros
de
radio
y
televisión, que traten de ser profesionales
y equilibrados y que abran programas de debate. Con eso sería
suficiente.
José Antonio Fernández: ¿Qué observas en relación
a la polémica de Enrique Peña
Nieto
y
Televisa?
José Woldenberg: Ahí se presume algo grave. Aclaro que se presume
y yo no puedo afirmar. Se presume que se están vendiendo espacios noticiosos.
De ser así, y lo subrayo, estaríamos ante un fenómeno de
corrupción
flagarante
porque
se
supone
que
las
noticias
no
se
venden.
José Antonio Fernández: ¿Si
una
televisora
quiere
apoyar
a
un
candidato
a
la
Presidencia
en
2012
debe
hacerlo
de
manera
abierta,
o
no?
José Woldenberg: Yo
creo
que ante
el
estado
germinal
de
nuestra
democracia
y
dado
que
radiodifusoras
y
televisoras
son
concesionarias,
no
dueñas,
tienen
que cumplir
con una
especie
de misión
de Estado
y ver
por el
conjunto.
Lo peor
que le
puede
pasar al
país
es que
sus medios
de comunicación
acaben
actuando
de manera
facciosa.
Sería
grave.
José Antonio Fernández: ¿Te
opusiste
en
el
2006
al
recuento
del
voto
por
voto?
José Woldenberg: No,
hay
alguien
que
lo
ha
dicho,
pero
no
me
opuse.
Lo
que
dije
en
su
momento
es
que
la
Coalición por el bien de todos, la de
Andrés Manuel López
Obrador,
planteaba
una
cosa
en
las
calles,
que
era
el
voto
por
voto
y
casilla
por
casilla,
y
otra
distinta
ante
el
Tribunal.
Ante
el
Tribunal,
aunque
mucha
gente
no
lo
crea, lo que solicitaron los de
la
Coalición por el Bien de Todos, los partidos que apoyaron a AMLO, fue
el recuento de poco más
de 200 distritos electorales y de poco más de 40,000 casillas. No de
todos los distritos y todas las casillas. Hay más de 130,000 casillas.
En el 2006 se recontaron
cerca de 12,000 de las 40,000 casillas pedidas, en las que no encontraron
ningún
patrón fraudulento. Esto quiere decir que no encontraron ningún
patrón, ninguna constante, que beneficiara a un candidato y perjudicara
a otro. De ahí que el Tribunal Electoral diera por buena la elección.
José Antonio Fernández: ¿Crees
que
debiera
haberse
hecho
el
voto
por
voto
total,
o
no?
José Woldenberg: Nadie lo pidió. Eventualmente
hubiera servido para aclarar.
José Antonio Fernández: Eres un personaje que gozas de un gran
prestigio, ¿te gustaría ser Presidente de la República?
José Woldenberg: No,
definitivamente no. Y te digo que no, porque no
creo tener la capacidad. Sé mis limitaciones.
José Antonio Fernández: ¿Alguien
te lo ha propuesto?
José Woldenberg: Jamás.
Es una virtud saber cuáles son las
limitaciones de uno.
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